Cualquier actividad que ayude a fomentar la creatividad y desarrollo imaginativo es necesaria y debería considerarse como algo básico, imprescindible y esencial para el individuo, una asignatura pendiente en la vida de todos.
Con las ceras descubres que puedes experimentar; con ellas no te encuentras inhibiciones, puedes difuminar, restregar, aclarar, e incluso borrar. Permite hacer lo que se te antoje, no hay criterios ni normas a seguir, es válido todo, desde difuminar con los pinceles o con el papel, incluso con las manos. Pintando te puedes entregar por completo permitiéndote incluso pelearte con los colores, y cuando acabas descubres que el resultado no lo habías ni siquiera imaginado.
Las prácticas de calco han sido increíbles, además de trabajar el concepto de invertir una imagen nos ha permitido descubrir otra faceta o posibilidad que ofrecen las ceras. El mundo marino multicolor y el texto han quedado impregnados de esa esencia mágica, que es la diversidad de colores.
Otras de las experiencias fascinantes fue cuando pintamos de nuevo con diferentes colores sobre la lámina ya pintada para a continuación realizar un raspado. A parte de descubrir que las ceras también pueden formar una amplia gama de colores si los mezclamos entre sí, descubrimos el efecto que visualmente produce realizar un raspado sobre dos colores, es como si estuviéramos viendo a través de un calidoscopio.
Y, para finalizar, el ejercicio de las formas recortadas también ofrece una gran diversidad de posibilidades para trabajar con las ceras, te permite crear nuevas formas a partir de formas previas recortadas, entrecruzarlas y mezclar colores.
Tengo que añadir también que el trabajo con ceras, al final, me resultó algo largo. Tuve que dedicarle muchas horas y, en ciertos momentos me cansó la práctica. Aunque ahora, viendo el resultado final, parece que todo eso quede en el olvido.


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